Crítica Cineteca: Los Olvidados

Puntuación: Obra Maestra y mucho más.

Volver a ver ‘Los Olvidados’ ha sido una experiencia por demás placentera. Mi mirada ha madurado, y luego de pasar por más películas de Buñuel (la primera vez que vi ‘Los Olvidados’ era la inaugural que veía de la filmografía de Buñuel) entiendo mucho mejor los conceptos que estuvo manejando a lo largo de su vida.

80 minutos, muy cortos en mi opinión, de cine social, con una técnica que ha envejecido demasiado, sobretodo por el montaje y las transiciones bruscas por el mal corte de los planos y en algunas ocasiones un mejor ensayo de la actuación pero que se ven combinados con una belleza inigualable de sus imágenes.

No deseo exagerar, pero en cierto sentido, el tema tan delicado y sucio que maneja el equipo de Buñuel se ve opacado por la forma, los planos e intenso cuidado de la cámara que el español nacionalizado mexicano emplea de una forma genial. Un genio en estado puro.

La historia se centraliza en Pedro (Alfonso Mejía), que busca sobretodo el cariño de su madre al igual que sus semejantes para subsistir en un ambiente hostil como es la pobreza extrema en una colonia de la ciudad de México, donde el robo y el abandono de niños es alarmante por su abundancia.

Pedro simboliza el quiero y no puedo de no sólo la infancia mexicana sino también podría considerar la mundial. Desea amor, cariño y respeto pero a cambio recibe malos tratos y rencor por parte de su madre. Su propósito, sobrevivir y ser alguien de provecho para ayudar a su familia. Por contraparte, tenemos a, creo yo fácilmente, uno de los mejores villanos jamás creados no sólo del cine mexicano sino mundial. Me refiero al temible e hijodeputaEl Jaibo’ inmortalizado por Roberto Cobo.

El Jaibo es la representación del ‘sálvese quien pueda, pero primero yo sobretodos’ en el que robar y asesinar es parte de su naturaleza. El propósito: Al igual que Pedro, sobrevivir. Lo acompaña un puñado de infantes que representan el estereotipo de la pobreza mexicana. Lo que más miedo o tristeza puede dar según el caso, es la admiración y la subordinación que estos le tienen a la figura de ‘El Jaibo’. Pedro sobretodo, pero que a como transcurre la película, vemos su transformación en el enfrentamiento con el líder de la banda de estos jóvenes delincuentes impuestos por la mano del destino por el simple hecho de nacer en un lugar que nadie le interesa.

Durante el la travesía y transformación de Pedro, con un guión ágil y brillantemente bien estructurado, algunas de las secuencias más hermosas que haya visto en mi vida pasan en pantalla. Ejemplos tales como el baño de leche en las piernas de la inocente (¿Lolita?) Meche (Alma Delia Fuentes) profundizada con un traveling , es de absoluto éxtasis. Otros son como el primer sueño de Pedro después de ser ignorado por su madre y haber atestiguado la muerte de Julián. En este caso en particular, me puse a pensar la diferencia de Buñuel con otros surrealistas en el cine. A diferencia de otro grande, por ejemplo David Lynch para no irnos tan lejos (que hace un trabajo admirable en casi todo lo que hace) lo que identifica a Buñuel es que la representación de los sueños en sus películas es muy parecida a lo que nuestro subconsciente nos transmite mientras dormimos. Es decir, la similitud entre lo que soñamos y lo que Buñuel exhibe en pantalla, es tan cercano que creo yo esa es la razón de la fuerza en sus imágenes. La identificación casi total de nuestros pensamientos oníricos sobre la pantalla grande y por lo tanto, de su comprensión.

Un uso tal del lenguaje cinematográfico como cuando ‘El Jaibo’ le pregunta a la madre de Pedro por su esposo y ella le dice que ‘murió hace cinco años’ mientras se interpone el plano de su más reciente hija de apenas unos cuantos meses, nos da a entender de la naturaleza de la mujer. Y por lo tanto, justificada totalmente dentro del relato el encuentro de ambos mostrado de forma muy certera al contemplar sus miradas y el respectivo cierre de la puerta, claro, inducido tal vez más por la censura de la época pero que no deja caer la inteligencia con la que fue tratada.

Y de estas muchas imágenes y escenas más, como la rebeldía de los niños en el carrusel, el diálogo entre el ministerial y la mamá de Pedro que le indaga sobre su conducta a su hijo o la magistral escena sin diálogo del pederasta casi por llevare a Pedro (wow!), demuestra la genialidad absoluta de este cineasta pocas veces vistos en la historia del arte. No sólo como cineasta, ni como surrealista, Buñuel fue uno de los mejores artistas en general de todo el siglo XX.

Sobre el final y la polarización principal del discurso de la historia, esta vida es cruel, incluso para aquellos que desean hacer las cosas bien. Triste, pero verosímil en el relato, no explotado, sino una combinación de crueldad y ternura muy bien equilibrado. La infancia y juventud debería ser tratada con ternura y comprensión y no con mano de hierro o rencor por nuestros errores del pasado.

Veredicto: Obra Maestra de uno de los mayores artistas que el cine ha dado. Luis Buñuel me hizo reflexionar y sobretodo maravillarme por lo alarmantemente bello de su manejo de la cámara, los planos y su imagen. Es curioso, como un tema tan escabroso puede ser tratado de manera tan hermosa, que sólo Buñuel pudo hacerlo.

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Un comentario en “Crítica Cineteca: Los Olvidados

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