Crítica Cineteca: The Limits of Control (Los Límites del Control)

Puntuación: 9.5

Es difícil para una persona sin mucho interés cinematográfico aparte de entretenerse, reconocer el cine americano además del Hollywoodense, pero afuera de esa gremio suena con mucho eco voces que no buscan tanto crearse un sitio dentro de la meca del cine, sino simplemente por el mero gusto de expresar la emociones que tienen para nosotros por medio de celuloide. Y uno de los mayores exponentes de esos outsiders es Jim Jarmusch.

Esta es la segunda cinta que veo de este cineasta, la anterior fue Broken Flowers, donde con su ritmo lento y poca acción, en aquel año de 2005, no hizo sentir ninguna emoción de mi parte. Años después y con una mejor formación cinematográfica que antes, sólo puedo decir que el señor Jarmusch es un maestro con un dominio total de la narración fílmica.

Jarmusch ha sido famoso por exponer tramas “donde no pasa nada”. Simples conversaciones entre dos personas o un poco más acerca de cualquier momento de sus existencia, dejando el énfasis dramático lo más alejado posible. Y en Los límites del control continua con ese rasgo característico de su obra en un thriller de misterio donde no hay ninguna pelea y ninguna bala es disparada.

La cinta es un declaración de amor a todo al arte en general. El cine, la música, la pintura lado a lado con la ciencia, esperan derrotar al sistema que intenta controlar el mundo para mantenerlo bajo su muy particular óptica de la estabilidad. Todos bajo un control para que su orden se mantenga.

Llena de referencias y simbolismos, Jarmusch nos lleva en una muy sui generis road movie donde el protagonista principal sin nombre (que puede representar cualquier persona, como al mismo Jarmusch, un excluido por cuenta propia) interpretado con mucho carácter por Isaach De Bankolé , un personaje con buenas manías como las que tiene que tomar dos cafés expresos en tazas separadas y que practica una técnica oriental de relajación antes de salir a un nuevo día para poder estar relajado y concentrado, tiene que cruzar varios obstáculos y conseguir los datos necesarios para localizar a su objetivo y eliminarlo.

Y como cualquier película de espías, el héroe intentará con todas las pistas que se le van dando en el camino gracias a sus aliados, llegar a su destino final. Lo curioso de la trama es que estos aliados no representan más que las artes, humanidades y conocimientos científicos que harán de nuestro protagonista adquiera los conocimientos necesarios para formarse en su misión: No dejarse someter por el sistema.

Jarmusch cuenta con un amplió repertorio de excelente actores donde resaltan John Hurt, Gael García Bernal, una Tilda Swinton que se ve más bella de lo normal con esa excéntrico atuendo (peluca incluida) llegando hasta un Bill Murray alejado de las caracterizaciones que lo identifican. Muy buena dirección de actores donde todos se lucen para hacer ver mejor al señor De Bankolé.

Como buena película de espías, no podía faltar la mujer que acompaña a nuestro héroe a lo largo de su travesía, interpretado por Paz de la Huerta que luce espectacular (su simple presentación hará que valga la pena para muchos hombres el boleto de esta película) pero aque aquí siento yo claro el mensaje de la mujer como tentación para logar el objetivo de sentirse realizado completamente con ser humano por medio del arte.

El filme, gracias a sus mujeres y un estilo bien encauzado del director, hace desplegar una sensualidad radiante. Jarmusch maneja un ritmo lento, pero acompañados de exactos ángulos de cámara e inteligente diálogos donde se agradece mucho las referencias a cada una de las artes que han formado nuestra cultura.

Además que tengo que resaltar el preciso y hermoso diseño de producción de la película, donde todos los objetos presentes en pantalla mezclan infinidad de colores que hace que sus 2 horas de metraje una delicia visual con una técnica muy bien lograda y de resultados estéticos de enorme calidad. Lo mejor de todo es que ese apartado fue hecho cargo bajo un mexicano, el talentoso Eugenio Caballero que ya es poseedor de un oscar por el Laberinto del Fauno.

A pesar de su engañoso ritmo sin prisas donde se puede tener la percepción de que no pasa mucho o nada, la última película de Jarmusch es un tesoro audiovisual llenos de matices y diferentes significados donde valdrá la pena verla las veces necesarias para poder alcanzar a apreciar todo su valor.

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