Lo mejor de MI década >> No. 9: Million Dollar Baby

Eddie Scrap-Iron Dupris: Si hay magia en el boxeo, es la magia de librar batallas más allá de la resistencia, más allá de las costillas rotas, los riñones destruidos y la rotura de la retina desprendida. Es la magia de arriesgar todo por un sueño que nadie ve más que tú.

Supongo que hay películas que transforman tu manera de ver el mundo. O al menos con esta eso pasó para mi.

Esta es una cinta que no tuve la oportunidad de verla en el cine (una lástima) ya que no era el cinéfilo que me considero hoy en dia (con muchas deficiencias). Pero que con la reciente, en ese moemnto, magia del DVD, pudo disfrutarla a todo su esplendor.

Golpes del destino, como se tradujo aquí en México, es una historia muy sencilla, contada con la misma naturalidad por el entonces para mi desconocido Clint Eastwood. Viendo sus extras, cuenta el guionista Paul Haggis terminó el primer borrador y en eso Eastwood lo vió y en una conversación telefónica entre este y Haggis, el mítico director dijo “Bueno, hagámoslo asi”. Haggis no se la creía ya que el mismo aceptó que él como director no hubiera aceptado hacer ni su propio primer borrador.

Yo en esto veo el estilo marcadísimo que tiene Eastwood hasta ahora. Naturalidad y clasicismo. Eastwood, en esta joya como mayor ejemplo, intenta obviamente hacer las cosas bien, con planos bien encuadrados y un  montaje que lleve un buen ritmo de la historia. Pero Eastwood va mucho más allá y en vez de preocuparse principalmente por esas cuestiones técnicas, lo que el quiere hacer es contarnos una historia, una historia sobre unas personas. Y que nos importen lo que les pase.

Como una vez leí, este film hace que nos preocupemos por su personajes más de lo que hariamos con la mayoría de los individuos de la vida real. Y eso es totalmente cierto. Al menos para mi

Al finalizar la película, yo sólo pude llegar a un estado de chock pasivo, en el que no sabía que pensar o sentir. Un vacío por llamarlo de una manera. Y el vació siempre tiene que ser llenado por algo, y en el ordenamiento de mis ideas, se crearon otras nuevas debido a esta película.

La constancia, el amor y sobre todo el sentido de los sueños tuvo un nuevo significado a partir de esta cinta. A diferencia de la manipuladora y melodramática Mar adentro, Eastwood hace con este minimalista relato (por Dios, un score de sólo tres notas que hace vibrar la más profunda fibra de mi ser) que los sentimientos de sus personajes los sintamos hasta el tuétano. Que como menciona el personaje de MorganFreeman, tengamos el valor para seguir creyendo “en un sueño que sólo nosotros podemos ver”.

Esto no es una película de boxeo. Esto ni siquiera es una película. Pienso yo que es el retrato de la vida misma. Si Eastwood se hizo famoso por la saga de The man without no name y se hizo inmortal por hacer el último gran western, creo que con esto llegó al olimpo de la cinematografía para convertirse en un semi-dios terrenal que todavía habita entre nosotros.

Y espero que lo haga por mucho tiempo más.

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